Me siento como un botón en unas zapatillas: puedo conjuntar, llamar la atención, gustar o desagradar…puedo ser de un color u otro, grande o pequeño, pero por más que lo intente, nunca dejaré de ser ese botón, ese... que nunca pertenecerá a las zapatillas.
Ser diferente, ser un botón y no parte de los cordones, tiene grandes ventajas y un gran atractivo, pero… ¿¿es razón suficiente para soportar la carga que conlleva serlo?? Hoy en día pensamos que estamos viviendo constantes cambios, y que tenemos por delante un gran mundo por descubrir, pero seamos realistas, lo único que vemos son nuevas marcas de zapatillas, nuevos modelos, clásicas algunas, otras optan por el estilo más que por la comodidad, o incluso tenemos zapatillas que parecen zapatos, pero, no dejan de seguir siendo zapatillas… El mundo se ha amoldado a un calzado único, con sus normas, su forma de vida. Nuestra parcela de libertad se acorta día tras día...
A veces ser un botón se antoja difícil, es una tarea que hasta hace poco creía que debía ser en solitario. Pero me di cuenta a tiempo, que a pesar de que cada botón es distinto, de que no hay más de uno por cada par de zapatillas, si que es posible representar ese sentimiento único. Las zapatillas se van desgastando mientras caminas, da igual la dirección, sólo quieres moverte de donde estás porque no te gusta tu situación actual…sin embargo, no importa, sabes que tu futuro será siempre igual, que no esperas mejoría y que esto es lo que conoces y no quieres cambiarlo…Se consumen más rápido de lo previsto, ya no sientes nada, te sumerges en una apatía continua mientras piensas lo aburrido que es el mundo que te rodea.
Y dicen que hay una parte positiva en todo…las zapatillas se terminan, tienen un final, han cumplido su cometido…el final de un botón sin embargo…sólo llega si lo rompes….
No importa...

No hay comentarios:
Publicar un comentario